El trabajo en la

#NuevaNormalidad

 

 

Ante los cambios y aceleración que viven las organizaciones, es necesario entender lo antes posible cual es la nueva normalidad. Ya no se trata de prepararnos para el futuro, que por supuesto también, si no adaptarnos al presente.

Estos cambios son una realidad no sólo en la nueva forma de entender y resolver el trabajo sino también en la manera de socializar, comunicar, vivir, e incluso educar. Entender esta nueva normalidad y adaptarse a ella forma ya parte de la hoja de ruta de muchas organizaciones, aunque aún no en todas, y queda mucho por hacer, porque en la era digital vivimos en un continuo cambio en el que no vale relajarse ni quedarse atrás.

Para conocer esta #NuevaNormalidad, centrándonos principalmente en el cuándo, cómo, dónde y con quién trabajamos a partir de la revolución digital, tenemos que entender que el trabajo pasa de ser un lugar a ser una acción, porque la tecnología permite desvincular el trabajo del puesto. Los trabajadores pueden ser más productivos si ellos mismos tienen libertad de elección en dónde y cuándo trabajar. Por lo tanto, se impone la flexibilidad.

Cuando comenzaba esta deslocalización del trabajo, las empresas plantearon políticas y estrategias que pretendían dar libertad al trabajador, al mismo tiempo que apoyaban la conciliación familiar/laboral y la consolidación de la mujer en el mundo laboral. Así surge el teletrabajo que pronto fracasó ya que aunque suponía una deslocalización del lugar de trabajo, la rigidez de horarios y características del trabajo presencial estaban presentes, con lo que el trabajador no conseguía la libertad que creía que iba a tener y la empresa no tenía la disponibilidad presencial que creía necesitar.

El open space es otra de las políticas que adoptaron las compañías más modernas: El café para todos, tirar paredes creando espacios abiertos en los que el trabajo en equipo fuera prioritario y hasta mesas de billar y toboganes, de lo más cool. Esta no es la verdadera flexibilidad y pronto surgieron problemas como la pérdida de privacidad y de concentración, tan necesarios para ciertas actividades.

 

 

Las personas como parte fundamental del cambio

La tecnología, que hace que los cambios globales vayan a velocidad exponencial, es el eje sobre el que pivotan: personas, empresas y espacios. Tres protagonistas que no acaban de creerse hacia donde nos lleva todo esto, y que necesariamente deben estar alineados para avanzar juntos en esta revolución tecnológica, que aún no ha llegado a su momento álgido.

Las personas son parte fundamental del cambio. La forma de trabajar de la generación X (1969-1985), es decir profesionales entre los 30 y 46 años, y la generación Y o millennials (1981-1995) actualmente entre 21 y 35 años, tiene muy poco en común, y sin embargo conviven en el ámbito laboral. Los primeros tienen la mentalidad de trabajar para vivir, sin embargo los segundos buscan una satisfacción y felicidad en el trabajo basadas en la libertad de elección, más allá de la importancia de su retribución. Ambas están muy preparadas, valoran la independencia y buscan la conciliación profesional y personal. Lo que les diferencia es que los millennials son nativos digitales, y esto les da la movilidad natural que los anteriores no tenían.

En 2020, los millennials supondrán cerca del 50% de la fuerza laboral en el mundo entero, y hacia 2030 llegarán al 70%. La transformación de las empresas se hace necesaria y las compañías deben ir asimilando que los perfiles profesionales que vienen impondrán sus propias reglas, y la tecnología y flexibilidad serán claves para conseguir de estos profesionales la máxima productividad.

Ante este panorama, muchos directivos se preguntan cómo serán las oficinas dentro de unos años. A día de hoy se impone la oficina flexible, como respuesta espacial a las necesidades de los profesionales que trabajan en movilidad, es decir, la gran mayoría. La oficina es una herramienta de apoyo, que además promueve el trabajo colaborativo y aumenta la productividad. Eso sí oficinas y usuarios dotados de la última tecnología para que el equilibrio entre empleado/resultados sea el correcto. Este proceso de cambio no debe hacerse sin un objetivo y propósito claros.

Pero esto pronto cambiará de nuevo, y pronto dejaremos de utilizar el término oficina, como tal.